Ahmadinejad, Phd en ingeniería de transporte, profesor de ciencias políticas, y humilde presidente de Irán que nunca aceptó los lujos de la vida presidencial, se encuentra actualmente de visita por Sudamérica.
No para alinear países al 'Eje del Mal', sino para continuar con la política de inversión masiva de Irán en el exterior y contrarrestar la inflación nacional producto del bloqueo mundial, dándole nuevos puertos y plantas petroquímicas a Nicaragua, e industrias automotrices, plantas petroquímicas y plantas gasíferas a Venezuela, Sudán y Bielorrusia.
Si a occidente le molesta tanto que Irán progrese de esa forma, no es sino porque su defensor, Estados Unidos, se encuentra en tan patética situación que cada día pide a China y Japón 2 a 3 billones de dólares solo para la guerra en Iraq (en un mes casi el doble de todo lo que produce Chile en un año entero), y año tras año su Senado destina 50 billones de dólares para alimentar la división en Irán.
Occidente se endeuda con las guerras de Estados Unidos, mientras Irán progresa invirtiendo en el mundo. Basta con eso para entender la demonización de Ahmadinejad que emerge estos días de los monopolios comunicacionales en todos los países Latinoamericanos.
